La clave de esta historia era el niño protagonista. Si encontrábamos a Óscar todo iba a ir rodado. Y Daniel Avilés era el mejor niño que pude encontrar, era un Óscar despierto, con cara de pillo y con dos ventanitas donde debían estar los dientes de delante. Por no hablar de todo el entusiasmo y la vida que tiene dentro, Dani tiene más energía que todos nosotros juntos. Y es un lujo trabajar con él, es cariñoso, juguetón y sabe escuchar con todo el cuerpo.
Lo conocí gracias a Víctor Bárcena, que rodó con él Las manos de Abel. Antes de ese cortometraje tengo entendido que no había hecho nada más, pero según Víctor tenía muchísimas posibilidades para cualquier papel. Y así era, además de divertirse mucho con todo, se entregó a la historia, al equipo y a los demás actores. Lo pasamos muy bien. Ahora podemos verlo en la nueva serie de Antena 3, Los protegidos, donde interpreta a Carlitos.
El hombre con traje es Antonio Rodríguez, director de teatro, actor y amigo mío, que trabaja además de en su Escuela de Lectura, en algunos talleres para Escuela de Escritores. Le dije que siempre había pensado en él para el hombre con traje de debajo de la cama, y es verdad, fue la primera cara que me vino después de visualizar los pies, el traje, la corbata. Era perfecto desde siempre.
Lo mejor tanto de Antonio como de Dani era lo bien que se entendían. Lo vimos desde el primer ensayo en casa, entre Antonio y yo le contamos a Dani la historia de principio a fin, y a partir de ahí salió el resto del trabajo que hicimos en el rodaje. Creo que de todos los días de la producción, ese ensayo fue donde más disfruté. Recuerdo la cara de Dani escuchando a Antonio hablar del hombre con traje, del niño, y de cómo se tenía que mover y comportar un actor. Y la mía, y cómo fuimos hilando paso a paso la historia, hasta el final, hasta el botón. Ahí apareció una de las grandes dudas de Dani, cómo era eso de que caía el botón y porqué...
Para cerrar el reparto teníamos a Marisol López y a Paco Obregón, que también vienen del teatro e hicieron de los padres que yo necesitaba exactamente para ese Óscar. Les dieron, y de una manera magistral, voz, rostro y forma a los personajes, porque esos dos personajes los tenía apenas esbozados en la cabeza, eran un par de rasgos de personalidad. Coincidí con ellos en el cortometraje que rodamos el año pasado para Escuela de Escritores, Al dente, y me encantaron. Por no hablar de todo lo que aprendí con ellos, entre Jaime y los cuatro me enseñaron todo lo que no sabía sobre dirección de actores.
Imagino que todo esto aclara el gran papel colaborador de Escuela de Escritores en todo el proyecto. Por no hablar de los hombres de traje, que más o menos un ochenta por cierto son plantilla de la Escuela. Pero de eso ya hablaré otro día.

