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El taladro del paraíso

En mi boda, algunos amigos que no pudieron venir a Madrid, mandaron vídeos. Una pareja muy querida nos grabó un vídeo desde California. En el vídeo ellos no estaban en California, sino que estaban en un bosque ancestral lleno de ruiditos de bosque y montaña. El mensaje respiraba amor y tranquilidad. Estaba en inglés, que es el idioma que hablamos con ellos. La persona que había montado los vídeos para la proyección se había encargado de subtitularlo. Y cuando de repente, en medio del bosque ancestral lleno de montaña se escuchó un taladro —totalmente fuera de contexto, no había razón ninguna visual para que en ese bosque pudiera habitar una persona taladrando en ese momento— nos entró la risa. La persona encargada de los subtítulos escribió, entre las palabras de nuestros amigos: taladro del paraíso.

Esta mañana, mientras intentaba recuperar horas de sueño y volverme a dormir a pesar de que fueran las 9.00 y la luz amenazara entrando y el gato tuviera hambre, sonó el taladro del paraíso de nuevo. En mi cabeza. Era un ruido real, seguramente de las obras que están haciendo en las aceras del parque de abajo de casa, pero yo tuve la sensación de que estaba en mi cabeza. Porque, normalmente, el taladro del paraíso sí que está en mi cabeza. Tiene forma de torbellino y viene normalmente a incordiar con tareas sin hacer, tareas pendientes, perros sin cabeza, ideas sin cierre, cuentos sin final, facturas sin reclamar. Y, como estoy a punto de coger un avión para volar a Guadalajara, México (a la maravillosa Feria del Libro de allí, que este año tiene a Madrid como ciudad invitada, y a la que no sabía, en diciembre de 2015, cómo hacer para esperar la siguiente…) he pensado que, si no me levantaba a escribir esto en un blog que tengo abandonado desde hace ni se sabe, nada iba a salir bien (que se iba a caer el avión y pensamientos mágicos de ese tipo). Así que me he levantado y lo estoy escribiendo, aunque carezca de sentido.

Un gato haciendo de gato. Noviembre, 2017
Un gato haciendo de gato. Noviembre, 2017

No hay que buscarle sentido a todas las cosas. No todo debe estar atado, controlado y ser perfecto.

A veces, las cosas, simplemente son. Y suenan (como el taladro del paraíso). Y el mundo sigue girando, y los gatos se meten en las cajas.

He entrado por un segundo al dormitorio para comprobar que el taladro del paraíso seguía sonando. No he escuchado nada. He abierto la ventana, me he asomado al parque, y no he visto ninguna obra donde pudieran estar escuchando el taladro. El frío es de invierno ya. Me he quedado ahí cinco minutos. Solo se escuchaba el ronroneo de mi gato en la cama.

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