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Quíos, la isla que se quemó

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Un árbol del bosque quemado. Agosto, 2015

Quíos es una isla griega. Cuando la recorremos hacia al sur llegamos a una playa de piedras negras con nombre de paraíso: Mavra Volia. El pinar quemado de Quíos rodea la zona de Avgonima. Tres años atrás se quemó gran parte de la isla, en el camino al sur encontramos pinos altos y quemados, enteros, con todas las piñas negras. También hay pinos fuertes, recuperados, que han crecido a pesar de las quemaduras. Como el ave fénix. Quíos contiene árboles altos quemados y árboles bajos, achaparrados, mágicos, con otro nombre de paraíso: mastic trees. De camino al sur hay plantaciones, que aparecen detrás de las curvas, como sorpresas. Son pequeños, ordenados, y tienen una alfombra blanca y muy redonda en sus pies, como si crecieran en un manto de nieve. Todo el camino a las playas del sur está cubierto de ellos. Los hay como recortados por un peluquero entre los olivos.

Plantación de almáciga al sol. Agosto, 2015
Plantación de almáciga al sol. Agosto, 2015

Mavra Voila es un playa de cantos negros, rodados y suaves. El agua es cristalina y la playa, caminada hacia dentro, está casi desierta en agosto. Los cantos rodados son piedras volcánicas pasadas por el tiempo y el agua. Una cama natural de piedras negras. En el camino a Mavra Voila encontramos pequeños santuarios, cada pocos kilómetros hay uno, en la carretera. Algunos tienen velas encendidas. Se dice que Homero nació en Quíos. Se supone que desde su piedra, cerca de los molinos de Quíos, narraba las primeras grandes historias con el mar Egeo de fondo. También se supone que era ciego, y que en este afiteatro natural se sentaban a escucharle narrar. Desde la piedra, mientras Homero recitaba, podía verse el mar.

Piedra de Homero. Agosto, 2015
Piedra de Homero. Agosto, 2015

En Quíos sol se pone rojo y cae sobre el agua, al borde de acantilados quemados. En agosto de 2012 un gran incendio se comió gran parte de los árboles de la isla. Vimos muchas veces el bosque quemado al recorrer la isla de norte a sur. El incendio solo se detuvo al legar al mar. El tiempo se ha detenido en los pinares. Los árboles que no han talado aún están vivos por dentro, recuperándose.

Atardecer sobre el mar de Quíos. Agosto, 2015
Atardecer sobre el mar de Quíos. Agosto, 2015

Desde fuera parece que se han congelado en el tiempo. Un fuego que congela. Por fuera están calcinados y cubiertos de piñas fósiles. Huelen a carbón. Algunos troncos están talados, para que las ramas no caigan sobre las carreteras.

Tronco quemado. Agosto, 2015
Tronco quemado. Agosto, 2015

A veces se desprenden rocas sobre las laderas. El terreno es montañoso. Cuando las rocas se desprendan grupos de obreros arreglan al sol las carreteras. Hay pocos servicios de autobuses desde las montañas a la ciudad. Para subir a los autobuses hay que avistarlos desde la carretera, bajo el sol, y hacer muchas señales con los brazos para que el conductor se detenga.

Una de las tantas playas de piedra. Agosto, 2015
Una de las tantas playas de piedra. Agosto, 2015

Para bajar a la ciudad de Quíos y alquilar una moto tuvimos que cazar uno de estos autobuses. Pasan solo cada tres días. En el que subimos viajaban dos ancianísimos y el conductor, con sirtakis de fondo, las puertas abiertas, el traqueteo. Era el autobús de vuelta a Quíos sin regreso, hasta dentro de tres días no pasaría ningún otro.

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