Foto de Mariana Torres

El globo de Laplace

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El gran balloon desde una ventana de Scuola Holden. Marzo, 2015

Olsson avistó el globo de Laplace en la distancia. Presentía que Laplace no estaba dentro. El globo volaba sin mando, guiado por los vientos y las nubes, o por quién sabe qué maldito dios muerto. Olsson se dispuso a seguir al globo, quería saltar dentro, recoger el cuerpo de Laplace o lo que quedara de él, hacer que bajara a tierra, mirarlo por última vez. Ya le echaba de menos y no habían pasado ni dos minutos. Sabía que iba a echarlo de menos para siempre. Cuando escuchó un llanto sordo a sus espaldas, un deshacerse en lágrimas, como un eco de jungla y hormigas gigantes se giró. No vio a nadie. Claro. En el globo Olsson viajaba solo, y casi ocupaba todo el espacio. El llanto de Laplace (maldita sea) se había instalado de alguna forma ahí dentro, en una de los sacos de arena, o pegado a las ropas, a la culata del revólver. Se asomó otra vez. El globo de Laplace era ya tan pequeño allá lejos que parecía el despuntar brillante de una estrella. Abajo, solo África.

Jam Session de “Los Diablos Azules” especial Escuela de Escritores, con Javier Sagarna (fuera de concurso). La frase inspiradora era: “Olsson avistó el globo de Laplace en la distancia”.