Flores blancas para Iemanjá, verano 2014

Demasiadas casualidades

Flores blancas para Iemanjá, verano 2014
Flores blancas para Iemanjá. Cerdeña, 2014

Hace algún tiempo que estoy empeñada en convertir los días de mi cumpleaños en días regalo para mí. En 2011 estuve en Madrid, fui al Jardín Botánico (a intentar recuperar un poco del clima tropical brasileño) y después de me dejé perder por el Retiro y subí hasta la terraza del Círculo de Bellas Artes a observar la ciudad desde arriba. No es que tenga tan buena memoria, es que entonces lo escribí en mi antiguo blog. Es probable que si tuviera buena memoria no me hubiera molestado nunca en escribir nada.

Ese año empezó una tradición de regalarme días. Y la vida me ayuda, en años anteriores estuve de viaje. En 2012 estuve en Argentina, y en 2014 estuve (por primera vez) en Nueva York. Este año se ha conjugado la suerte, y casi parece un día encargado. A las doce en punto del 18 de abril me cantaron el cumpleaños feliz, con tarta y velas, mis antiguos compañeros del taller de Páez. En el taller de Páez empezó todo lo que tiene que ver con la escritura, fue como descorchar una botella llena de vida imprevista. Fueron lo primero que me enraizó de verdad a Madrid, que tan seca vi tantas veces desde la ventanilla de un avión. Y algunos de los de entonces seguimos escribiendo (¡ya me gustaría ver qué es de mis alumnos de hoy dentro de quince años…). Mis padres habían vuelto de su viaje por el mundo en caravana para celebrar mi cumpleaños, y me regalaron una comida brasileña, con frijoles negros, arroz blanco, farofa y tarta de chocolate. También recordamos cómo y donde nací, en un hospital pequeño en medio de la selva. Y Javier, para cenar, me llevó a un lugar argentino, el Viejo Almacén de Buenos Aires, en una especie de viaje en el tiempo hasta las calles bonaerense, con sus tiras de asado, las paredes atestadas de letras de tango y un guitarreo de milonga y chacareras.

Madrid. Brasil. Argentina. Mis tres amores contrarios. En un solo día, reunidos en un paquete casual por amigos y familia. Que no se hablaron. Que no se pusieron de acuerdo. O eso dicen. Sin duda es una conspiración de mi inconsciente para llamar la atención sobre eso. Todo eso tan difícil para lo que nunca he encontrado palabras. Me temo que van a tener que ser unas 30.000, con menos no podría llegar a contarlo.

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